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Vivencias
de un esclavo |
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Matumba
era un joven de quince años que vivía en el Congo, territorio
de África Central. Matumba pertenecía a la tribu de
Kinshasa, y junto a sus hermanos trabajaba la tierra, que era el sustento
de su familia. Su padre, un mandingo, le enseñó todo
sobre cómo trabajar la tierra antes de morir. Su madre, junto
a su hermana, se dedicaban a las tareas del hogar, y les ayudaban
a recoger la cosecha. Matumba era feliz; pasaba el día trabajando
la tierra, cultivando mandioca, bananas, tomates, maíz... También
disfrutaba de la caza y la pesca. Un día, mientras Matumba cazaba, fue capturado por traficantes blancos. Durante diez días lo obligaron a caminar río abajo junto a otros cautivos, hasta llegar a la costa. Durante todo ese tiempo, Matumba no pensaba más que en su familia. Sentía un miedo terrible, pues ni siquiera sospechaba su destino En la costa esperaba un buque holandés llamado Commodore. Aquella inmensa embarcación había estado varada en el puerto, a orillas del Río Congo, en espera de los cautivos. Al subir al buque los encadenaron de dos en dos, y los amontonaron en cubiertas sin cupo para pararse. Al día siguiente el buque zarpó con destino a América. Ahí comenzó la tortura: los despojaron de sus ropas y los obligaron a dormir sobre sus heces; les daban comida podrida, y les pegaban si no se la comían. El viaje fue largo, muy largo. Difícil de tolerar las condiciones en que viajaban, amontonados, moribundos y enfermos. Uno de cada tres murió durante el viaje. Matumba perdió la cuenta de los días, las semanas, como también perdió el número de muertos que fueron arrojados por la borda. Matumba se sentía aturdido. A pesar de estar rodeado de otros prisioneros, se sentía solo, no conocía a nadie ni comprendía su lengua. Las personas que habían sido capturadas con él, en su mayoría habían muerto. Las únicas personas blancas que Matumba había visto eran el maestre que, acompañado por dos alguaciles y un escribano, recorrieron la nave antes de zarpar, los contaron de uno en uno, para un total de 685 cautivos. El resto del tiempo Matumba sólo escuchaba voces sobre la cubierta, voces que él no comprendía. |
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Antes de ser vendidos, Matumba, junto a los otros esclavos fueron
llevados a cubierta, les arrojaron agua y les ordenaron mediante
señas que se bañaran. Luego le empaparon manteca por
todo su cuerpo, para que su piel luciera radiante. De esta manera
los hacendados pagarían más por ellos. |
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Fátima
Cartagena
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