
Por:
Rafael Ángel Cortés
Especialmente para Fátima
Cartagena
(soneto)

Aquellos
rezos que con voz distante
del peregrino errante se escuchaban,
y que, por tristes, el alma
taladraban,
en cada rezo, oh Dios, al implorarte...

Aquellos
rezos que con voz callada,
con las manos muy juntas
y el pensamiento en ti,
de rodillas, y al pie de mi
cama...

Aquellos
rezos que cada mañana,
mencionan tu nombre
al caer la tarde... y al subir
el alba...

Porque
eres mi ángel; ángel
de mi alma,
a quien beso en sueños...
y a quien amo en gracias.