
Las
voces de mi pueblo murmuran
mi torpeza.
Dicen que me ha humillado
mi loco proceder.
Que no sigo las normas de
desprecio que imperan
cuando algún inconsciente
traiciona tu querer.
Soy culpable y soy necia por
haber permitido,
que tu amor arrogante me lastime
otra vez.
Es posible que ahora, tras
esta nueva herida,
aprenda las lecciones que
no quise aprender.
Voy caminando lento hacia
donde van todos.
Con mi amargura oculta pretendo
demostrar,
que me ha ganado el mundo,
porque de cualquier modo,
sufriendo o no sufriendo tenemos
que avanzar.
Ya que te veo perdido, te
agradezco tan solo,
el triste donativo de ver
la realidad.
Fátima Cartagena