
Jamás llegas, jamás
te vas.
Si estoy en ti, según me dices
cada momento.
¿Por qué te marchas
siempre muy presto?
Cuando te digo:
No soy objeto.
Y dispuesta estoy a borrar de ti todo
recuerdo.
Entonces vuelves con tu mirada de
niño bueno;
Con tu sonrisa que me desarma.
Y no quieres irte, y sientes miedo.
De que en mis brazos seas prisionero.
Y así me olvidas, y yo te olvido.
¡Mentira de ambos, pues no podemos!
Yo, ya no entiendo,
y en este juego por olvidarte estoy
decidiendo.
Puedo sacarte cuando yo quiera, pero
no quiero.
Y en esperarte voy consumiendo,
lento, muy lento lo que no entiendo..
Fátima
Cartagena