
Cuando
me invade el deseo, pienso en ti,
y me imagino lo que estaría
haciéndote en ese momento...
No tienes ni la más remota
idea
de todo lo que me imagino contigo
y entonces el deseo crece más
y más en mi interior...
Mi saliva vestirá tu piel desnuda;
Mis manos dibujarán como un
Da´Vinci tu cuerpo
delineando paso a paso con la punta
de mis dedos
y más tarde con mi humeda lengua.
Mis caderas bailarán en su
fiesta privada con las tuyas
y un solo gemido brotará de
tu garganta y de la mía...
Y el deseo sigue creciendo,
ahora tu piel como un abrigo cubrirá
la mía
y otra vez tu lengua será el
cincel de mi tibio cuerpo
y de nuevo llegaremos al jardín
del deseo...
Y esta vez nuestro gemido estremecerá
a la tierra
y despertará el instinto más
primitivo.
Así es mi deseo por ti.
Fátima
Cartagena